No creas todo lo que lees, y por ningún motivo dejes de creer. No pierdas la capacidad de asombro, pero deja de asombrarte por todo

domingo, 12 de agosto de 2012

Aterrizaje

-Ese es el lugar.
-¿Estás seguro? Digo, se ve algo desierto.
-Por lo mismo, es un buen lugar para aterrizar. En una de las excursiones anteriores lo vi, y creo que es el más adecuado. Además, es el indicado en la hoja de ruta
-Por lo solitario… sí, así despertaremos menos sospechas.
-Bien, empecemos las maniobras de descenso.
-Espera, espera… ¿alguien bajó a revisar el terreno?
-Sí, ¿por qué?
-¿Estás completamente seguro que aguantará el peso de la nave?
-Te noto demasiado nervioso.
-Es que ya cometimos un error en la misión anterior.
-Por eso mismo ahora tomamos todas las medidas necesarias. Además en esta ocasión no venimos solos.
-Sí…
-No te noto muy convencido.
-Es por lo mismo. Si fuera sólo una nave no habría problemas, el suelo aguanta y no me preocupo.
-¿Y?
-Sólo en este sector aterrizaremos tres juntas, una al lado de la otra. Son las tres grandes… claro, no tanto como las de otras misiones, pero son tres.
-Tienes motivos para estar preocupado, pero velo de este modo: nuestro trabajo es aterrizar donde y como nos dicen, los que deciden son otros. Si tú haces bien tu trabajo, y las cosas no resultan por errores de planificación, responderá el que planificó.
-Cierto, me estoy preocupando de más.
-Bien, ya estoy en comunicaciones con los pilotos de las otras dos naves… está todo coordinado.
-Correcto. Tengo las coordenadas de superficie, y estamos sin margen de error.
-Bien, bajando en tres, dos, uno… aterrizaje perfecto. Los otros pilotos confirman lo mismo, sin margen de error.
-Los computadores de a bordo confirman estabilidad del terreno… creo que tenías razón, el estudio se hizo bien y no hubo problemas.
-Correcto. Misión terminada. Ahora debemos tomar las naves de trasbordo para volver a la nodriza a tiempo y no ser descubiertos. Los humanos se asustan fácilmente. Comunícate con los capitanes de las otras naves para que salgamos todos a la vez.
-Sí… Atención tripulaciones de Kefren y Micerinos, aquí nave Keops…

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sábado, 21 de julio de 2012

Muralla

Un joven hombre y una joven mujer caminan de la mano al lado de la gran muralla. Nadie sabía cuántos siglos llevaba ahí, marcando el destino de las gentes del planeta. Poco se sabía en realidad acerca del porqué de su creación, de su constitución o manutención. Sólo había certeza plena de su altura, pues era medida y vuelta a medir año tras año, y no habría duda ni variaciones: 100 metros de altura. Para todos ellos era parte del paisaje, nacieron viendo la muralla, así también sus padres, y los padres de sus padres por cientos de generaciones. Además de su fin oculto, cumplía muchas funciones para quienes vivían cerca de ella: sombra del verano, techo en el invierno, detener los fuertes vientos y tempestades.

En las cercanías de la gran muralla vivían sólo militares y sus familias, para salvaguardar la única parte del planeta que no provenía, al parecer, de la mano del Padre. La muralla abarcaba todo el perímetro mayor del planeta, dividiéndolo en dos. Pero nunca se había sabido que podía haber al otro lado. Podría ser la otra mitad de la población, estar sobrepoblado o desierto, una raza superior o inferior, o simplemente ser muralla, eterna hasta llegar, por el otro lado, a la misma muralla...

Todos estaban conformes y tranquilos con la muralla, bueno, casi todos... el paseo del hombre y la mujer no era porque sí... Hacía años ya que un grupo de gente había empezado a mostrar curiosidad; luego intriga, y finalmente odio por ese monumento ilimitado al desconocimiento. Ya se habían infiltrado en los distintos ejércitos, y tenían un plan: pacientemente, y luego de un par de generaciones, lograron minar las bases (20 metros bajo tierra) y acumular cientos de ojivas nucleares. Y había llegado la hora: cientos de ellos se inmolarían para lograr destruir ese muro, y que el mundo supiera que había más allá...

La marcha de la pareja continuaba, y de pronto una alarma suena en cientos de relojes al unísono; a los 10 segundos ocurre la detonación: el planeta vibra entero en una sola dirección, cual cataclismo, y, lentamente la muralla empieza a ceder, por todos lados y a la vez... luego de varios minutos, el desplome total. Rápidamente la gente se desplaza al borde de la muralla derrumbada, a ver qué había: un tenebroso y gigantesco abismo vertical interminable; a cierta distancia, se ven sendos monstruos gigantes capaces de devorar aviones y barcos de una sola mascada. Al parecer, la leyenda de Colón, esa de la tierra redonda, era sólo una leyenda...

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lunes, 9 de julio de 2012

Homo Dei

La nebulosa de energía creada durante décadas de desarrollo ya estaba lista. Una centésima de año luz de diámetro era suficiente como para cambiar el equilibrio gravitacional en todo el sistema solar, y con ello acercar un poco más a los científicos de la Tierra a convertirse en seres cercanos a la divinidad, no en cuanto deidad, sino en la posibilidad de crear y modificar definitivamente la creación cósmica. Cientos de miles de millones de dólares, miles de muertos en ensayos fallidos, y casi un siglo de ingenios estaban llegando a su fin. La gigantesca máquina cuántica instalada en la luna había parido su hijo, que brillaba de día y de noche en el cielo, como un segundo sol o una segunda luna según fuera el caso.


La nebulosa de energía estaba contenida a distancia por la máquina cuántica para mantenerla estable hasta que llegara el momento de activarla y gatillar los cambios necesarios para que el sistema solar ya no se conociera como tal (pues los terrestres seguimos pensando que el modo en que nombramos las cosas es universal e inmodificable) sino como Sistema Humano, pues desde que se activara la nebulosa el sistema se adaptaría al gusto del hombre y no a los designios del universo. Tal era la energía de la nebulosa que la luna vibraba peligrosamente, poniendo en riesgo el equilibrio de las mareas en la tierra y la inspiración de cientos de enamorados y poetas; pero eso ya poco importaba, si la nebulosa cumplía su cometido no sería mayor problema reinstalar, ahora por mano de la diosa ciencia y sus pontífices los científicos, a la luna y cualquier otro cuerpo estelar en su lugar de siempre, o donde al humano le acomodara más.


El momento estaba por llegar, ya se estaba iniciando la cuenta regresiva, todos los habitantes de la Tierra estaban mirando por televisión el momento del gran salto de la humanidad hacia el escalón siguiente de la evolución, el homo dei. De pronto un pequeño asteroide golpeó con fuerza la máquina cuántica en la luna destruyéndola y liberando la nebulosa. La gran creación de la ciencia humana enfiló raudamente hacia el sol, fundiéndose sin dejar rastro con el astro rey, que ahora al parecer se coronaba de emperador. Si tan solo los hombres de ciencia no hubieran hecho caso omiso de las advertencias de los hombres de dios...

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